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Corrientes, 18/03/2007 - fuente: Diario EL LITORAL
MALVINAS, 25 AÑOS DESPUES
Cartas inglesas para un ex soldado
Su foto fue publicada en mayo del ‘82 en la portada de un diario
británico. Estaba hospitalizado en un buque inglés, tras ser tomado como
prisionero. Esa imagen de Miguel García despertó comprensión en Europa. Familias
inglesas le enviaron cartas expresando su apoyo. Desde ese momento se mantiene
el intercambio epistolar.
La portada del Daily Mirror del 24 de mayo del ‘82. La foto muestra (a la
derecha) a un Miguel dolorido y triste. Hoy, el ex combatiente conserva la tapa
en un cuadro.
GUSTAVO LESCANO
DE LA REDACCION
El
dolor y el nerviosismo que lo taladraban en la cama del buque-hospital inglés no
dejaban espacios en su mente para un alivio que no sea por efecto de los
calmantes. Al contrario, esas “cuchilladas” que sentía en su pierna izquierda,
por la maldita bala que trituró su fémur, se apoderaban de todo en ese final de
mayo de 1982.
Siquiera el flash de una cámara fotográfica logró despertar por completo al
dolorido soldado argentino. Pero, sin saberlo, esa imagen de él en la sala de
internación le abrió un lazo epistolar con los enemigos “exteriores” y fue un
bálsamo interior. Un impensado puente que se mantiene hasta hoy, 25 años después
de la guerra.
El punto inicial lo marcó la aparición de aquella fotografía en la portada de un
diario británico el 24 de mayo del ‘82. La expresión que reflejaba su rostro era
una rara mezcla de dolor, postración y tristeza. Sobre todo una profunda
tristeza. Tenía la mirada perdida en una de las paredes del hospital flotante
donde lo curaban, mientras un enfermero con uniforme militar inglés chequeaba el
suero que aportaba a la estabilidad de la salud del argentino.
Esa escena generó que varias familias de Inglaterra y hasta de Alemania
remitieran cartas, escritas en castellano y en inglés, con mensajes de aliento y
de amistad al correntino Miguel Alegre, el chico de la guerra de esta historia.
El fue herido en suelo malvinense durante el desembarco inglés; después lo
tomaron como prisionero y lo trasladaron al hospital que funcionaba en unas de
las secciones del imponente “Canberra”, uno de los buques de la flota británica.
Tras casi un mes, con la rendición Argentina, siguió su tratamiento de
rehabilitación en el continente. Luego vendría la etapa oscura del olvido hacia
los ex combatientes, un período de marginación y de peleas por culpa de los
“compatriotas” incomprensibles.
Como para tantos otros ex soldados de Malvinas, para Miguel, la guerra está
presente todos los días. No sólo en su mente y su físico, sino también al
enfrentar la ignorancia de la sociedad y la desatención de los gobiernos.
De puño y letra
A 15 días de conmemorarse el 25º aniversario de la Gesta, Miguel contó a El
Litoral su historia escrita en las cartas, pero también su dolor, sus broncas,
sus satisfacciones y sus anhelos.
“La primera carta que leí, y que me pasaron los ingleses, estaba escrita en
castellano. Era de una señora de Inglaterra, profesora en idioma español y que
tenía su hijo en el Camberra”, comienza relatando el ex combatiente nacido en la
localidad de Chavarría. “Había visto mi foto en el diario inglés y me escribió
unos días después. Su carta llegó al buque y leerla fue emocionante, como
también las otras que comencé a recibir en los días siguientes”, dice con una
sonrisa que se dibuja en su cara.
Es que la primera carta, la de “Poppy, Vanessa and Philippa”, tal como fue
firmada por la mujer y su hija, exponía una conmoción al ver su expresión en la
tapa del diario, pero lo alentaba pese a su situación. Y hacía hincapié en una
cosa: “Aquí, no odiamos a los argentinos. Esto es una guerra entre nuestros
gobiernos, y qué lastima que deben pelear los soldados y marines de nuestros
países”, dice un párrafo escrito con letra prolija y tinta azul sobre un papel
celeste.
Esa carta fechada el 25 de mayo de 1982 y un poco ajada por los años, las guarda
Miguel junto a otras más. Es como un tesoro en el que predomina un cuadro con la
portada del Daily Mirror, el diario inglés que publicó su foto bajo el título
“Yesterday’s enemies” y con un epígrafe en el que nombran Miguel García.
La publicación llevó a otra señora mayor de Inglaterra a escribir y despachar su
carta. “Te ves muy triste y sé que tendrás razones para estarlo...”, dice en las
primeras líneas del texto que fue traducido por oficiales del buque en que
estuvo internado el argentino.
Cuando Miguel regresó al país remitió sus respuestas con más frecuencia y el
intercambio postal se aceitó. Incluso su madre le escribió a la madre de un
soldado inglés, la que había redactado la primera carta que leyó Miguel en el
buque. Y aquella también le envió una copia de la famosa tapa del periódico.
Hasta el año pasado recibía un promedio de una carta cada tres meses, entre
ellas algunas postales. En todo ese lapso “nunca hablamos de Malvinas, siempre
nos contábamos nuestras cosas familiares. Nos dábamos aliento”, resume Miguel
mientras dobla el escrito en papel celeste para guardarlo.
Esos recuerdos lo ponen contento a este hombre de 44 años que fue a Malvinas
cuando tenía 19. Su vida después de la guerra transcurrió con tres años de
desocupación, un empleo en la administración pública provincial (para lo cual
dejó su Chavarría natal para radicarse en Capital) y un reciente retiro
voluntario a través de una ley específica. Durante ese tiempo formó su familia
con su compañera Mirta, con quien tuvo tres hijos y ahora se sumaron cuatro
nietos que les dio María Lidia, su hija mayor de 24 años.
Pasó un cuarto de siglo, pero Miguel sigue luchando contra el olvido del ex
combatiente. Eso lo motiva, como cuando le daban fuerzas aquellas primeras
cartas que recibió en el Camberra.
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