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Corrientes, 14/04/2012 - fuente: Diario EL LITORAL
TESOROS DEL COFRE DE LOS RECUERDOS
Diario de un soldado prisionero
La
cronología de la guerra escrita de puño y letra en un barco británico rumbo
a Montevideo. Una birome prestada y el refinado papel higiénico del barco
inglés fueron sus armas para estamparla. La cruda historia del joven
combatiente mercedeño sintetizada en apenas un metro. Fernando lo cuenta 30
años después y de una primera década de silencio sepulcral.
Enrolla y desenrolla por enésima vez el amarillento papel pintarrajeado
por las letras que ya hace tiempo perdieron su azul intensidad. El hombre de
casi 50 años no para de relatar la historia tratando siempre que no se les
escapen los detalles y para ello recurre a lo que tiene a mano: el viejo
papel, que más que ayuda memoria es la memoria misma hecha materia.
Fernando Romero ya no es el joven mercedeño que un día de abril del ‘82 fue
llevado desde su ciudad natal directamente a las Malvinas. Sin embargo ese
papel descolorido, cual papiro, lo transporta en imágenes al medio del
horror de la guerra. Su voz se acentúa como en medio de un túnel del tiempo.
A 30 años de Malvinas el ex combatiente habló con El Litoral y volvió a
sacar del cofre de sus recuerdos una tira de papel que parece interminable
como le habrá parecido en un momento el conflicto bélico. Cuando su
regimiento cae prisionero de los ingleses, sobre el final de mayo de 1982,
es subido junto a varios compañeros a un buque británico que días después lo
traerá finalmente a continente.
El soldado, aún aturdido por la guerra, se encontró en un camarote sobre la
fría plancha metálica de una cama cucheta. Si bien contaba con la compañía
de tres viejos amigos de los años de Secundaria pero también como
combatientes en las islas, Fernando decidió plasmar sus recuerdos todavía
latentes, muy frescos.
De esa manera a alguien le pidió prestado una birome, de esas de trazo
grueso; tomó el refinado papel higiénico con sello de propiedad inglés que
estaba en el baño y empezó a describir cronológicamente el camino a la isla
y también la aturdidora estadía. El “diario” se extendía un metro y medio,
pero un día se partió en dos y un fragmento se perdió en el regreso a casa.
Sin él, sólo en la mente quedaron los últimos días de guerra.
“Comencé a escribirlo para matar el tiempo. Ponía lo que me acordaba y sino,
me ayudaban mis compañeros de camarote. Con el paso de los días ya era una
costumbre escribir, volcar los recuerdo en estas palabras”, recordó Fernando
transportándose a 1982 con la mirada perdida entre las despintadas letras
del conscripto en el barco británico.
El plasmó la traumática experiencia como nunca lo había hecho en su corta
historia: escribiendo. “Nunca hice algo así hasta ese momento”, admitió.
Extremos
El punto de partida en el papel: “Salimos el día 15 de Abril de la ciudad de
Mercedes…”, escribió Romero para después ir hilando el día a día en pequeños
párrafos hasta llegar a las Malvinas; los preparativos; la esperar; los
movimientos ansiosos; los bombardeos; los combates constantes; las muertes;
el repliegue; las bombas y más bombas. Así llega a un párrafo en que cuenta
el combate nocturno del 26 de mayo en donde los ingleses los tenían rodeados
y salvaron sus vidas de milagro…. “Caminamos 16 kilómetros y seguía el
ataque de hostigamiento. Al otro día…”. Fin del papel.
Hasta allí llega la crónica escrita durante casi un mes y la segunda parte
perdida se quedó con lo demás. Fernando vuelve a la crónica y marca momentos
tensos de la guerra. Enrolla “el papelito”, habla y recuerda; luego no se
acuerda con precisión una escena y ahí vuelve a desenrollarlo.
En su permanencia en el penal flotante del enemigo, Fernando cumplió sus 20
años el 7 de junio. No hubo festejos y faltaban pocos días del final de la
guerra.
La vuelta a casa fue complicada como la de casi todos sus pares. Considera
que el haber conseguido pronto un trabajo hizo que las secuelas de la guerra
no se los lleven por delante. Sabe que muchos pares cayeron por no tener un
trabajo fijo y mucho menos una contención psicológica.
Fuimos chicos que volvieron hombres, crecimos de golpe; fueron 70 días que
nos cambiaron los 18 años anteriores”, resumió y concluyó: “Sirvió más que
nada para entender el valor de la vida”. Así no termina el papelito escrito
hace tres décadas, pero hubiera sido un gran cierre; como lo es en esta
nota. (GAL).
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