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MUJERES QUE ACOMPAÑARON EL SUFRIMIENTO DE SUS HIJOS
Malvinas: historias de las madres de la guerra

Corrientes, 18/10/2009 - fuente: Diario El Litoral

Algunas derraman lágrimas al recordar los días de plegarias e incertidumbre del ‘82. Otras por sus hijos caídos a los que rinden homenaje siempre. Muchas por las muertes en la posguerra. Pero todas tienen un sentir único que despertó Malvinas: defender la vida. Dos historias para representar sus experiencias.

Malvinas: historias de las madres de la guerraLas madres (sentadas) acompañada por esposas de ex combatientes durante la entrevista de El Litoral en Saladas.

POR GUSTAVO LESCANO
DE LA REDACCION

Los hijos viajaron al Sur enfundados en uniformes verde oliva y sin decirles adónde y por qué: lo tenían prohibido. Pero la intuición materna apareció casi de inmediato y sentían el peligro que sus jóvenes vivirían en Malvinas en ese infernal otoño de 1982. Fue un calvario íntimo de las madres de la guerra, con tantos días de desesperadas plegarias y tantas preguntas sin respuestas oficiales, que luego se prolongaron en la dura posguerra de abandonos.
Hoy, muchas siguen derramando lágrimas por sus chicos caídos en conflicto, pensándolos con esas imágenes grabadas en sus mentes y corazones de los héroes con cara de adolescentes que quedaron en las islas. Algunas pudieron rendirle tributo ante las tumbas en Malvinas, como ocurrió a principio de mes, pero están las que no pudieron viajar y los homenajean a la distancia.
Otras lloran al recordar esas jornadas grises de incertidumbre en el ‘82, pero también al revivir aquel día del sigiloso, casi fantasmal regreso de los muchachos de las islas.
También hay llantos de aquellas madres que sepultaron a sus hijos ex combatientes muertos en la posguerra de locura, soledad y marginación estatal.
Pero en todas, el denominador común es el sentimiento maternal único en experiencia que despertó la guerra y que también les cambió la vida como a sus primogénitos.
Por eso, en este Día de la Madre, El Litoral cuenta algunas de las miles de historias de las mujeres que acompañaron el sentimiento de sus hijos en los meses más oscuros. Los casos son de dos señoras de la localidad de Saladas, conectadas entre sí por una relación familiar dentro de la gran familia de ex combatientes.
Ruegos a Dios
Josefa Maidana de Acosta y Estela Báez contaron sus historias con dolor y lágrimas. La primera es madre de Roberto Marcelino Acosta, un ex combatiente fallecido en la posguerra, y la segunda tiene a su hijo con vida, Teodoro Faustino Miño. Ambas fueron consuegras, ya que Acosta se casó con la hija de Estela, Rosa Margarita, quien hoy es la presidenta del Centro de Ex Combatientes en Malvinas y Familiares de Saladas (ver recuadro).
“En viaje a las Malvinas me escribió una carta en la que me decía ‘mami, me voy a la guerra. Ponga fuerzas; no sé si volveré’. Yo dije entonces que él iba a volver con vida y así fue. Pero regresó con problemas psíquicos y ya no era el mismo”, contó Josefa apretando el puño y con voz nerviosa por el recuerdo.
“Nos contaba de la desesperación durante los bombardeos y lloraba. Entonces había que cambiar de tema porque se ponía muy nervioso”, señaló la mujer. Después, en los años que siguieron a la guerra, Roberto Acosta viviría envuelto en amargos y desesperantes días hasta que falleció en abril de 1994. Mientras habla Josefa, la otra madre, Estela, seguía atenta cada palabra pero como metida en su interior. La mirada en el piso y una expresión de tristeza en su rostro eran signos inconfundibles del dolor por revivir esos meses del ‘82. Duros, muy duros.
“Durante la guerra le pedía tanto a Dios que lo proteja; no podía dormir y rezaba mucho. Le pedía mucho a Dios...”, dijo Estela y las lágrimas brotaron casi al mismo tiempo que las palabras que no le salían por la emoción.
El silencio se apoderó de la casa hasta que Josefa acotó: “Fue un dolor muy profundo y me imagino lo que sufrieron las madres de los hijos que quedaron allá”. Más silencio.
Luego, ya recompuestas, hablaron de las cartas que recibieron y del tiempo de incertidumbre que sufrieron por no saber si su muchacho sobrevivió. Incluso en uno de los casos pasaron cuatro meses hasta que el ex combatiente regresó a su casa.
“Casi todos llegaron así, en silencio. Y hablaron poco de la guerra porque les dolía y les duele. Saber que todo había terminado fue un alivio, pero después vinieron años más dolorosos por las secuelas. Eran muy chiquitos, criaturas cuando fueron a la guerra”, resaltó Josefa.
Las madres, con ese sentir especial, no olvidan Malvinas. Es parte de ellas, de su sufrir infinito en tiempos de guerra y en los que vinieron después. Resumen del ser que da la vida y quiere protegerla, siempre.

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