CARTAS Y MONEDAS
“Tesoros” de Malvinas, 27 años después
Corrientes, 02/04/2009 - fuente: diario El Litoral
Los ex combatientes desempolvaron objetos que atesoran y recuerdan los duros
días del conflicto. Cartas que escribieron a sus familiares y que recibieron de
ellos, un diario íntimo y hasta una moneda de las “Falckland Islands” son
algunos de ellos.
Un
grupo de ex soldados y la esposa de uno de ellos recordaron Malvinas.
POR GUSTAVO LESCANO
DE LA REDACCION
Los recuerdos de Malvinas golpean el interior del ex combatiente: “Nos marcó
para siempre y no hay un día en que no esté en tu mente y en tu voz”, dice uno
de ellos con la mirada fija en el suelo. Y a las imágenes de la experiencia en
la guerra de hace 27 años se suman objetos guardados celosamente en la
intimidad, testigos materiales de los días duros en las trincheras, de bombas y
muertes, de frío intenso y hambre descomunal.
Cartas que llegaron y otras que nunca salieron; un diario personal con la
experiencia de un infante de marina; una pequeña brújula; un telegrama perdido
en el tiempo; una estampita del santo protector y hasta una moneda plateada de
las “Falckland Islands” con la esfinge de “Queen Elizabeth” en uno de sus lados.
Estos son algunos de los tesoros que guardan los ex soldados correntinos y que
los desempolvaron para mostrárselos a El Litoral en vísperas de este nuevo
aniversario del inicio del conflicto bélico de 1982.
Feliciano Sánchez cuenta que un pequeño cuaderno “Gloria” fue el soporte de sus
vivencias en las islas. “Se me ajó bastante pero luego volqué su contenido en un
nuevo cuaderno. Ahí está todo y es un legado para mis hijos”, dice y se alegra.
“Lo escribí a escondidas, en cualquier momento que podía”, acota Feliciano y
después se acuerda que también atesora una carta escrita por el papá y un
telegrama que él envió el 26 de mayo con apenas tres palabra: “Estoy bien,
contesten”.
Para Juan Carlos Coronel las letras fueron lágrimas. “Recibí una carta de mi
madre y cuando la leía lloraba como nunca: me preguntaba cómo andaba, qué
hacía... Y ella escribió como pudo porque mucho no sabía”, recuerda el ex
combatiente.
En la ronda de charla los recuerdos brotan en el aire. Ignacio Godoy, un poco
reticente al principio, se anima y afirma que tiene guardada una brújula. Luego
su mirada se pierde y las palabras no salen.
En esos momentos Juan Cáceres muestra un amarillento sobre con letras en tinta
azul rasgadas por los años. “Esta es una carta que le envié a mi hermana desde
las islas y años después ella me la devolvió”, indica y calla de golpe. La
esposa, sentada a su lado, completa: “Hace dos o tres años mi cuñada nos dejó
varios sobres que tenía guardado. Allí estaba lo que él le escribió: fue
impresionante leerla... conocí una parte más de mi esposo”, señala.
En el grupo de ex soldados coinciden que en los tiempos de guerra era más fácil
mandar carta para los que estaban en la Marina y casi una misión imposible para
los del Ejército. “Había censura y no es que podías escribir lo que se te
ocurría”, aclara Juan.
Esteban Flores fue uno de los que pudo tener mayor contacto epistolar. Pero
ninguna carta conforma hoy su tesoro íntimo, sino una moneda de las Malvinas.
“Me la regaló un amigo allá, cuando habíamos regresado al pueblo sobre el final
de la guerra. Es un recuerdo mío que quedará para mis hijos”, indica y no para
de dar vueltas con sus dedos el plateado metal acuñado en 1974 con la figura de
la reina británica.
“Esto es lo material, pero después te queda el recuerdo acá y eso es muy duro”,
reconoce Esteban mientras mantiene su índice apoyado en la sien.
Malvinas es todo y sus vidas cambió para siempre. “Ahora tenemos otras batallas
todos los días”, dice Domingo, otro ex soldado y dirigente del Centro que los
agrupa. Así de dura sigue siendo la pos guerra.
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