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Corrientes, 16/06/2008 - fuente: Diario El Litoral
LES ORDENARON NO CONTAR LO QUE SUFRIERON
Con el triste final de la guerra también se impuso un siniestro silencio a los
ex combatientes
Antes de darles la baja ese año en que sobrevivieron a la guerra,
oficialmente se les advirtió que no podían hablar sobre lo sucedido. Mucho o
poco, el caso influyó a la hora de soportar el dolor de la experiencia y sus
secuelas.
Los
ex combatientes hablaron de aquella orden de silencio sobre lo que vivieron en
Malvinas.
EL DATO
‘Esa orden de callar lo que vivimos nos daba vueltas en la cabeza a nuestro
regreso. Entre el ’83 y el ’85 recién comentábamos algunas cosas‘, dijo uno de
los ex combatientes.
POR GUSTAVO LESCANO
DE LA REDACCION
No contar lo que se sufrió. No decir lo que se necesitaba decir en esos
momentos. Ocultar una verdad que era inocultable, porque ya era parte de ellos
mismos y reclamaba salir de su interior como una erupción volcánica. Guardárselo
todo y seguir sufriendo en soledad un doloroso proceso de pesadillas, miedos y
flashes de muertes, actos de valentía y de héroes eternos.
El siniestro silencio fue impuesto con una orden castrense de miedo y mordaza,
mandato residual de la dictadura que agonizaba tras el desastroso final de la
guerra de Malvinas. Los ex combatientes soportaron el silenciador junto a las
secuelas que abrieron heridas aún no cerradas y todavía sangrantes.
A 26 años del fin del conflicto, cumplido el sábado último, los ex soldados que
estuvieron en las islas ya cuentan en detalle lo que les condicionaron relatar
en 1982. Pero no fue fácil y tampoco lo es ahora.
Con el final de la guerra se les impuso a casi todos los ex conscriptos una
orden silenciadora sobre lo que vivieron en ese lapso. Y de eso hoy también se
animan a hablar.
Un grupo de ex combatientes contaron a El Litoral este caso que coincide con
muchos de sus pares correntinos que estuvieron en las Islas, y que sirve para
armar una historia más completa sobre lo que sucedió.
Mucho o poco, la advertencia hecha antes de darles la baja a la conscripción
influyó en sus confesiones, recortándola y sumergiéndola a la intimidad.
‘Fue en un contexto de dictadura y se manejaban con el miedo. Nos lo dijeron
como una orden: ’Usted habla y volverá acá o deberá atenerse a las
consecuencias’‘, cuenta en el inicio de la charla el ex infante de marina Rubén
Velozo. ‘Después de padecer lo que padecimos -agrega-, y antes de salir del
servicio militar obligatorio, nos hicieron hacer un juramento sobre que nosotros
nos debíamos a la Patria y todo debe quedar en el cuartel. Que no deberíamos
contar a la gente lo que pasamos como conscriptos que fuimos a la guerra‘, dice.
‘Nosotros lo obedecimos como una orden entre tantas ordenes. No pensábamos en
esos instantes‘, describe por su parte Raúl Eugenio Melgarejo, un ex combatiente
que estuvo en el Regimiento 12 de Mercedes, su ciudad natal.
Velozo no tiene dudas de que esa orden final a la larga los condicionó: ‘Yo
empecé a hablar en casa de Malvinas hace poco, en el 2004, cuando también lo
hice públicamente en un acto en una escuela‘, reconoce con los ojos más opacos.
A Melgarejo le hicieron firmar una declaración. ‘Se ve que estaba redactada de
antemano, porque sólo me preguntaron mis datos y lo escribieron. Después me
leyeron completo y me dijeron que firmara sí o sí, porque sino podría afrontar
graves consecuencias‘, indica.
‘En mi caso, me dieron una constancia sobre el compromiso obligado de no
difundir lo que vimos y vivimos, que todo ello debe quedar como cosas internas
de la fuerza; de lo contrario nos convocarían de nuevo o bien ejecutarían las
acciones pertinentes‘, recuerda por su parte José Galván, hoy el presidente de
la Coordinadora Provincia de Centros de Ex Combatientes.
Pero la misma orden también se dió en forma verbal. Ramón Aguirre contó que
cuando regresó al cuartel de Monte Caseros ‘un oficial nos dijo que lo que
pasamos y vivimos en Malvinas debe ser callado; que no lo divulgáramos ante la
gente‘, asegura.
Juan Cáceres, quien estuvo en el Regimiento de Infantería 5 de Paso de los
Libres, dice al respecto que ‘la orden de silencio nos comunicaron en forma
verbal y más que nada nos advertían de las consecuencia de contar las carencias
que vivimos en Malvinas‘.
Pero para Tomás Bordón, integrante de la Artillería 3 de Libres, la advertencia
también fue verbalmente aunque en un sentido totalmente contrario. ‘El jefe de
la Unidad, el mayor Damissi, nos dijo que contáramos todo lo que sucedió, pero
que lo hiciéramos con la verdad‘, destacó.
Esa verdad es la que comenzó a hacerse fuerte en los últimos años, después de 26
años de Malvinas y tantas luchas en una dura posguerra de olvido.
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