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El chico de la guerra que llegó a Diputado
Corrientes, 02/04/2008 - fuente: Diario El Litoral
Bernardo
Quetglas tenía 19 años cuando combatió en Malvinas. En la foto el segundo de la
derecha. A 26 años de la Guerra, convertido en legislador provincial, recuerda
aquellos días de frío, hambre y bombardeos.
El político
Su padre, José Bernardo Quetglas fue intendente de Mercedes en 1983 y años
después él seguiría el camino de la política. En febrero el ‘84 comenzó a
estudiar Derecho y se recibió en el ‘90.
Militó en las filas universitarias del PL y en el ‘87 trabajó con el entonces
legislador José Enrique García Enciso.
Hasta hace poco fue subsecretario de Asuntos Municipales. Ahora es diputado
provincial.
“De diez fusiles, uno andaba: yo hice un disparo y se trabó”
Una de las broncas de Bernardo Quetglas fue por el armamento que llevaron los
soldados y que el mismo lo padeció. “Sólo un tiro pude hacer antes que mi fusil
se trabara para siempre”, contó para luego estimar que “de diez fusiles, uno
andaba”.
En este sentido dijo también que habían llevado equipos mínimos, en cantidad
similar a la que usan para desfile.
Durante el caótico repliegue en la zona cercana al Estrecho San Carlos, Quetglas
se quedó sin poder disparar un tiro más por su arma inutilizada.
“Cuando llegamos a Puerto Darwin encontré una ametralladora de la fuerza aérea
que estaba nueva y andaba. Con ella resistimos el embate inglés hasta que se
dictaminó un alto al fuego que derivó en la rendición del regimiento”, describió
el ex combatiente.
Pero Quetglas resaltó también una situación particular que se experimentó antes
de partir de Mercedes. “Me reincorporé el 6 de abril y hasta el 13 de abril, día
en que salimos hacia el sur, nunca se hizo una práctica de tiro. Muchos
conscriptos de la clase ‘63 no sabía siquiera armar un fusil. Por esa falta de
instrucción es que tal vez se registraron más muertos entre ellos, que no eran
muchos”, evaluó.
“Durante esos días en el regimiento nos hacían practicar desfile, cuando
teníamos un polígono donde al menos podríamos saber de los fusiles que no
servía. Yo me di cuenta cuando realicé mi primer disparo ya estando en las
islas”, resaltó.
Crudo relato de puño y letra remitido en mayo de 1982
El
Litoral del martes 22 de junio del ‘82 que guarda Quetglas. En la portada
informa sobre la vuelta a Mercedes.
Fechado el “lunes 17 de mayo de 1982 (Pto Darwin) Islas Malvinas”, lo que sigue
es un fragmento de una de las cartas que Quetglas remitió a su casa de Mercedes:
“Querida familia: Hace aproximadamente una hora recibí el telegrama que mandaron
y eso me alegró el comienzo de este nuevo día que paso lejos de los que más
quiero que son ustedes, no sé si llevarán la cuenta del tiempo, yo lo llevo al
día aunque no tengo con que guiarme, pero hoy hace un mes y dos días que me
despedí de ustedes.
Pienso que la carta que les mande desde Caleta Olivia ya la recibieron, mandé
una para ustedes y otra para María Eugenia.
Cambio de letra porque no se si entendían la carta con esa horrible de más
arriba, pero aquí hace frío y con la mano medio dura y acostado dentro de una
carpa de campaña no se puede pretender mucho, además le pido que me perdonen que
no les haya escrito antes para que tengan noticias mías y se queden tranquilos,
me quedé pensando el otro día después que escuché la radio que habían pasado por
televisión los ataques del 1 de mayo en lo preocupados que estarían ustedes,
pero yo gracias a Dios estoy bien al igual que todos mis compañeros.- La semana
pasada repartieron papel y sobre pero no alcanzó, me dieron un sobre y de papel
un pedazo de cartón, pero se me perdió la birome de Lili y para el otro día se
me mojaron papel, sobre...”.
El tramo final de las cuatro hojas escrita en esa oportunidad, tras contar una
horrible escena de la guerra, dice los siguiente:
Me “dieron ganas de llorar por la impotencia y quedé con el ánimo por el suelo,
Por suerte más tarde apareció un capellán, comulgué y recé con el y eso me hizo
sentir bien, rezo todos los días con una renovada fe en Dios que antes no la
tenía, rezo por mí, por ustedes, por mis compañeros y por todos, le he pedido a
Dios que me lleve de vuelta con mi familia, le prometí y también me prometí a mí
mismo cambiar, ser un hombre bueno, lo más bueno que me sea posible, no más
rencores ni enojos que no llevan a nada, soy más considerado con los que me
rodean y sobre todo más tolerante, quiero volver a estar con ustedes porque
recién ahora he podido apreciar en toda su magnitud la hermosa familia que tengo
y que no se necesita más que eso para ser feliz en esta vida. Desde que salí de
Mercedes no hago más que pensar en ustedes y en el día que vuelva, que espero
que sea pronto.
Hice muchas promesas, y las voy a cumplir al pie de la letra cueste lo que
cueste, el día que vuelva tengo que cumplir con la Virgen de las Mercedes, la
Virgen de Itatí, Santa Risa y no se quien más.
Muchas veces estoy acostado en mi carpa y hago planes sobre todo lo que pienso
hacer cuando vuelva y en como actuar desde entonces por el resto de mis días,
porque tengo muchas esperanzas de volver sano y salvo para compartir momentos
Felices junto a todos los que quiero y se que me quieren”.
Una emotiva carta de su madre
Lo
que sigue es el contenido de la carta que la madre de Bernardo, Oyala Somma le
escribió el 21 de abril del ‘82 titulada “Quisiera”.
“Quisiera que regreses una tarde
ya casi anocheciendo
y dejarte tu farola encendida
como en los buenos tiempos.
Quisiera, que te tires a la cama
con los zapatos puestos
y me digas "así lo hacen los jefes"
para decirte; "cierto".
Quisiera, con mis manos (de cocina)
acariciarte el pelo
para que grites "no puedo tolerarlo"
y yo te diga... "bueno"...
Quisiera, que me grites desde el baño
¡Mamá! la toalla quiero
para buscarte, la más grandota y limpia
corriendo (si es que puedo).
Quisiera preparar, de nuevo el bife
con el tomate al medio,
y preguntarte, si quieres huevos fritos
jugosos en el centro.
Quisiera…y se, que con el tiempo
yo te tendré a mi lado
y será cierto.
Y frotaré, tu espalda con la fuerza
que guardo para ella.
Te contaré, que mis presagios siempre
se cumplen con acierto,
y volverás, a decirme, que en casa
¡Se vive! Te agradezco.
Que la chinche del viejo,
(es poca cosa) que así debe de serlo.
Quisiera, que sentado, (yo cocine)
me cantes, un bolero
se que dice... una mujer...
y pueda corear con vos los versos
Quisiera, te repito, con el tiempo,
yo, verte regresar, fusil al hombro
como te vi partir, pero sonriendo
aunque en el negro, de tu mirada brille
la emoción del momento.
Quisiera que regreses, una tarde
ya casi anocheciendo,
y como el ave, tener dos alas huecas, para
guardarte adentro. Aunque seas un hombre,
mi soldado, si yo debo saberlo.
Mamá”.
La posguerra, entre silenciadores y bronca
Después
de estar prisioneros varios días, el regimiento de Quetglas finalmente llegó al
continente y permaneció por más de dos semanas en Campo de Mayo. Allí, aseguró,
se registraron llamativas reuniones grupales en que “nos querían hacer un lavado
de cabeza y nos decían que éramos héroes y que no debíamos contar ciertas cosas
de la guerra”, contó.
“Lo que más bronca me dio es que al poco que llegamos nos dieron nuevos uniforme
y fusiles: nosotros mismos abrimos las cajas y las armas estaban impecables”,
subrayó.
En un momento determinado incluso comenzó a realizarse una especie de
entrevistas personales para llenar unas planillas sobre la experiencia de la
guerra. “Al día siguiente se interrumpió la acción, seguramente porque vieron
los resultados y no era bueno para ellos dejar registros”, consideró.
Pero eso no fue nada, cuando estuvieron de regreso en Mercedes también
recibieron advertencias sobre lo que contaban de lo ocurrido en Malvinas.
Al ser dado de baja, Quetglas volvió al trabajo en el comercio de su padre pero
nada era fácil con la bronca de Malvinas que masticaba, particularmente por lo
hecho por muchos oficiales. “Cuando llegamos éramos como bicho raros para la
sociedad. Dormía mal y tenía pesadillas. Salía a la calle con mucha bronca”,
describió. En esa situación y tras una sucesión de discusión con algunos
militares, “me ayudó un tío que me llevó a Misiones donde pude desenchufarme un
buen tiempo y volví mucho más calmo”.
De todas formas reconoció que “hay miles que no tuvieron otras posibilidades de
insertarse por la falta de atención del Estado. Siquiera podían conseguir
trabajo porque eran considerado ‘locos de la guerra’”, dijo.
Para Quetglas, Malvinas “es un hito importante en la historia del país”, afirmó
y destacó: “La sangre de los compañeros caídos en las islas fue lo que más
aportó para que volvamos a la Democracia. Malvinas fue una bisagra en la
historia argentina”, concluyó.
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