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EX COMBATIENTES CUENTAN COMO FUE EL 2 DE ABRIL DEL ‘82
“Horas antes del desembarco recién supimos que viajábamos a las islas”
Corrientes, 17/03/2008 - fuente: diario El Litoral
José, Rubén y Feliciano son tres ex infantes de marina correntinos que
formaron parte del operativo que desembarcó en Malvinas el 2 de abril. El viaje
se realizó en medio de un hermetismo total. Antes, una furiosa tormenta había
postergado la misión. Así, esa fecha ingresó a la historia argentina.
José,
Feliciano y Rubén (de izquierda a derecha), los tres ex combatientes contaron
cómo fue el 2 de abril de 1982.
POR GUSTAVO LESCANO
DE LA REDACCION
Tal vez fue la primera señal del devenir de algo que los marcaría para siempre
en cuerpo y alma. Esa experiencia imborrable se les presentó como un viaje en
medio de una negra tempestad por un furioso mar del sur con olas de hasta diez
metros.
Pero la tempestuosa travesía sólo fue la antesala de una guerra que arrasó con
la vida y la juventud de una generación, y que después también la obligó a
sobrevivir al olvido.
Eran los últimos días de marzo de 1982 cuando el revuelto buque desvió su
trayecto por la feroz tormenta que se empecinaba en frenar su marcha. Tras un
par de jornadas de tensa espera por mejores condiciones climáticas, finalmente
la embarcación llegó a destino para cumplir su misión: recuperar las Malvinas.
Así, ese 2 de abril ingresó a la historia argentina.
Con el correr de las semanas y la densidad de los hechos, también empezó a
gestarse uno de los capítulos más punzantes de esa historia.
A pocos días de cumplirse 26 años de ese hecho, tres ex combatientes correntinos
contaron a El Litoral detalles del operativo de recuperación de las islas que
protagonizaron como infantes de marina, especialidad que les tocó al hacer el
servicio militar.
José Rafael Brest, Feliciano Sánchez y Rubén Alberto Velozo viajan en el ARA
“Cabo San Antonio” con rumbo a Malvinas para cumplir el objetivo encomendado de
desembarcar durante la madrugada, reducir a los efectivos ingleses, controlar la
ciudad y finalmente izar la bandera argentina. “Estábamos en distintos equipos,
aunque dos éramos del mismo grupo dentro del mismo Batallón, cuando fuimos
embarcados hacia las islas. Pero hasta ese momento no sabíamos el destino ni la
misión y recién nos informaron la noche del primero de abril”, apunta Velozo.
“Por el mal tiempo se postergó el desembarco. De lo contrario se habría hecho el
30 de marzo o el primer día de abril”, señala.
Brest, Sánchez (de Capital) y Velozo (de Paso de los Libres) comenzaron la
colimba en agosto de 1981 y en apenas dos días partieron hacia el sur. Tras más
de seis meses de dura instrucción militar en Puerto Belgrano, hacia fines de
marzo del ‘82 realizan un especial práctica de desembarco en la zona de Puerto
Madryn. Nada hacía suponer que diez días después del ensayo tendrían que repetir
esas acciones pero en Malvinas y con un enemigo en frente.
Poco después del tormentoso viaje llegaba el Día “D”. Los oficiales les
comunicaron cuál era la misión que en menos de 24 horas tenían que realizar. El
silencio fue total en el buque apenas concluyó el informe de sus jefes. Después
se fueron a dormir, pero muchos no lograron pegar un ojo.
Finalmente, entre las 5.30 y las 6 inician el desembarco subidos a los vehículos
anfibios. Los grupos lo harían en dos oleadas: una con dirección al aeropuerto y
la segunda hacia Puerto Argentino. Velozo irá con los primeros y los otros dos
con rumbo directo al caserío.
“Había niebla y todo estaba oscuro”, describe José Brest. “La ciudad estaba sin
luces: ellos sabían de alguna forma que llegábamos”, indica Feliciano Sánchez.
Cuando apenas llegan a la costa, los reciben con una balacera. Desde ese
momento, los hechos se desarrollan rápidamente entre corridas y fuego cruzado.
De golpe sienten una bomba caer cerca de ellos, pero no hay herido. Después de
casi 15 minutos de cubrir cuerpo a tierra inician el avance final. “Las balas
pegaban contra las piedras y largaban unos chispazos: no me olvido jamás de esa
escena”, dice Feliciano al recordar las acciones.
Con las dos líneas desplegadas se cierra el círculo y las islas son recuperadas.
“Después de los combates la ciudad quedó bajo control y comenzó a aclararse el
cielo. Allí comenzamos con los allanamientos casa por casa, particularmente
porque habían civiles que nos dispararon”, contaron.
Efectivamente revisaron todas las viviendas del pequeño poblado y no fue tarea
sencilla. “Había alambrados electrificados que cubrían la parte posterior de las
casas”, indica Feliciano.
En una de las viviendas encontraron un equipo de comunicaciones que estaba en un
escondite detrás de un cuadro. La puerta del lugar la había abierto una amable
anciana, “que incluso nos ofreció masitas”, señala Brest.
Con el final de la misión, los infantes toman sus puestos de vigilancia,
mientras efectivos del Ejército descienden de un avión para implementar un
sistema de vigilancia. Así terminó ese 2 de abril, del cual en pocos días más se
conmemorará el 26º aniversario.
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