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Corrientes, 02/04/2007 - fuente: Diario Época
TESTIMONIOS DE VALOR
“Sangre,
fuego y confusión” es la primera imagen que llega a su mente cuando le dicen
Malvinas. Raúl Melgarejo nació en Mercedes, ingresó al Regimiento de Infantería
12 para realizar el servicio militar en febrero de 1982.
“Fui como camillero a la guerra y me tiraron el fusil al hombro para defender
la Patria. Sólo tenía dos meses en el regimiento y 18 años de edad”, relató el
soldado del “pay ubre”. “Me tocó ir al frente de batalla en la pradera de Ganso
Verde, todavía me acuerdo del frío que pasábamos”, contó como certificando el
terror de ir a una guerra.
“Me gustaría borrar todo de mi mente, pero tengo que vivir con esta cruz para
toda mi vida, participar de la guerra significa saltear la etapa de ser joven
para convertirte en adulto”, dijo.
Según Melgarejo es casi imposible saber lo que se siente en un conflicto bélico,
pero la peor batalla es la que hay que enfrentar después de la guerra. “Tres
meses viví con el zumbido de las bombas y las ametralladoras sin poder dormir,
después me acostumbré a descansar de día y pasar como podía la noche, era una
pesadilla”, agregó el ex combatiente.
En cuanto a los maltratos que recibían durante el conflicto, Melgarejo subraya:
“No había respeto, recuerdo a un soldado, Segundo Riquelme de Bella Vista, era
clase '63 y antes de morir me suplicó para que le consiga comida, murió sin
probar bocado”.
“Teníamos mucho hambre, no había provisiones y estábamos muy débiles. Comíamos
cualquier cosa, yerba mate, papa cruda, dentífricos o el que tenía más suerte
comía tripa de ovejas recién carneadas que los isleños tiraban y se conservaban
gracias al frío”, reveló el ex soldado.
En uno de los turnos que cumplía junto con un colega en la primera línea de
combate, Melgarejo recibió la orden de buscar provisiones para el grupo
sanitario. “En la carpa estaban los mendocinos, encargados de la cocina y de los
alimentos. Todo el tiempo sonaban las alarmas y esa era la señal para cubrirse.
En un descuido de los cocineros aprovechamos la confusión y preferimos
arriesgarnos y sacar mercadería, lo único que pudimos llevar fue unos 20 kilos
de azúcar que repartimos entre todos”, recuerda el mercedeño.
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